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Dr. Alberto Cormillot

En su libro La Inteligencia Emocional, Daniel Goleman cuenta la historia de un ciego que pedía limosna sentado en una vereda, con una gorra para recoger las monedas y un pedazo de madera en el que había escrito con tiza blanca: "POR FAVOR, AYUDEME, SOY CIEGO".

Un creativo publicitario que pasaba se detuvo y observó los pocos centavos en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel y la tiza y escribió otro mensaje. Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.

Por la tarde el publicista pasó nuevamente frente al mendigo: su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien había reescrito su cartel y qué había puesto. "Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras", le respondió el hombre. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: "HOY ES PRIMAVERA Y NO PUEDO VERLA".

Esta pequeña historia encierra una lección que podemos aplicar en cualquier área de nuestra vida, en nuestras relaciones, en el trabajo y en nuestros desafíos personales, especialmente, en aquellos que se resisten a ser alcanzados: cuando algo no funciona, tenemos que cambiar.

Es una idea especialmente útil para las personas que luchan desde hace tiempo con los kilos de más. Una respuesta muy habitual ante esta situación es la de la frustración no es raro escuchar frases como "Es definitivo: por más que haga dieta yo no puedo bajar", o "Ya lo intenté todo" o "Soy un fracaso, no tengo solución". Este tipo de afirmaciones contundentes no sirven más que para hacerlo sentir mal, culpable por situaciones que no siempre dependen de su voluntad. Sólo cierran caminos. Menos frecuente pero mucho más útil es pensar "¿Qué es lo que estoy haciendo mal?" o "¿Qué otra cosa puedo hacer?".

El primer paso, si no lo hizo hasta ahora, es buscar ayuda. Piénselo un poco: ¿de qué sirve empezar una dieta que lo hará pasar hambre o que sólo incluye comidas que a usted no le gustan? Un profesional de la nutrición, en cambio, puede ayudarlo a adaptar su plan de alimentación a sus necesidades y gustos, y así podrá sostener los cambios durante más tiempo.

Tal vez no le cuesta bajar pero tiene problemas para mantenerse porque no practica actividad física. ¿No le gusta ir al gimnasio? La solución no es obligarse a ir siete días a la semana (un compromiso que difícilmente pueda sostener) sino encontrar aquellas actividades que sí puede realizar de forma regular, por ejemplo, practicar algún deporte, salir a pasear en bicicleta con su familia, o pasear al perro más seguido (¡por algo se empieza!). En este sitio web compartimos frecuentemente algunas ayudas y técnicas para empezar a adelgazar. Lo invito a buscarlas, leerlas y a pensar cuáles de ellas se adaptan mejor a sus necesidades y posibilidades.

Recuerde que la clave es no hacer lugar a los pensamientos negativos y fomentar la fe en nosotros mismos, buscando en cada momento la respuesta más conveniente a nuestros problemas. No se trata de negar las dificultades, sino de buscar consignas que nos ayuden a superarlos.

Recuerde la historia del ciego y el publicista: cuando algo no nos sale, cambiemos de estrategia. No tiene nada que perder y mucho que ganar.

Prof. Dr. Alberto Cormillot

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